Hay estudios científicos que no avalan la utilización de las famosas pulseras de actividad para todos aquellos que disfrutan de la actividad al aire libre o se dedican al running. Los autores de una de estas investigaciones afirman que “la mayoria de los fabricantes no cuentan con respaldo en pruebas que demuestren la efectividad de los productos”. 

El estudio que fue ejecutado por especialistas de las universidades de Nottingham, Bristol y Lancaster, revela un riesgo de seguridad y fiabilidad de las pulseras y que las lecturas pueden rondar en un margen de error del 25% (más o menos) según con qué aparato se realice la medición. 

Estas discrepancias sustanciales llevan a la desconfianza por parte de los científicos y a poner en alerta a la sociedad que las consume y confía en ellas como un aporte a su bienestar. 

Bien vale mencionar que como contraste a ésta crítica, se encuentra en el propio público un “aburrimiento” en la relación con este elemento. ¿Qué quiere decir esto? Que las estadísticas marcan que en un 33% de los consumidores deja de utilizarlo al cabo de seis meses de haberlo obtenido. Por si fuera poco, en el 50% de los casos, no lo tienen más puesto después de un año de haberlo comprado. 

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